Alzo la vista hacia las montañas. ¿De dónde vendrá mi ayuda? Es uno de esos versículos bíblicos que nos resultan tan familiares. Lo cantamos. Lo citamos. Lo colgamos en nuestras paredes. Recurrimos a él en los momentos difíciles, y con razón. Hay algo profundamente reconfortante en la imagen de una persona angustiada que alza la vista y recuerda que su ayuda viene de Dios.



